Steven Hentges, Ph.D.
viernes 2 de agosto de 2019

Según el titular de una reciente nota de prensa, la exposición a químicos comunes que se hallan en los plásticos está relacionada con la obesidad infantil. Además, indica que un nuevo estudio “ha revelado que los químicos que sustituyen el BPA no son seguros para los consumidores”. No sorprende que los periodistas hayan caído en la trampa y que hayan informado la historia sin sentido crítico alguno, tal como se encuentra en la nota de prensa.

Quizás deberían haber leído más allá del titular, porque la historia en realidad tiene mucha menos información de la que parece. La premisa subyacente del estudio nuevo es que el BPA (bisfenol A) se ha “identificado como agente obesogénico” y que está siendo actualmente reemplazado por otros bisfenoles químicamente parecidos, en particular, el bisfenol S (BPS) y el bisfenol F (BPF).

El término “obesogénico” fue acuñado hace unos 10 años para describir las sustancias que pueden interrumpir procesos metabólicos en el cuerpo y, potencialmente, conllevar obesidad. Las investigaciones sobre el tema son incipientes y, por el momento, no existe un consenso claro sobre la definición o las implicancias que tienen los agentes obesogénicos sobre la salud pública.

La historia comienza a desmoronarse con la referencia en el titular a los químicos comunes en los plásticos. No existe ningún fundamento, o muy pocos, sobre que el BPF y el BPS se estén usando como reemplazo del BPA y, definitivamente no existen fundamentos para manifestar que estas sustancias están presentes comúnmente en los plásticos.

Y desde allí, es todo cuesta abajo. Si bien la primera oración del artículo científico afirma que el BPA es un agente obesogénico, en el mismo párrafo, más adelante, se indica que “no se encontró asociación estadísticamente significativa entre el BPA y la obesidad general, la obesidad abdominal o cualquier otro resultado en la masa corporal”. En otras palabras, el BPA no está asociado con la obesidad en este estudio, lo cual indica un conflicto directo con el comienzo del párrafo.

Más importante aún es que existe una limitación del estudio que se destaca en el artículo científico, pero a la cual ni siquiera se hace mención en la nota de prensa. Esta limitación es tan importante que se reproduce en su totalidad a continuación.

Al igual que con los estudios anteriores sobre este tema, nuestros resultados deben interpretarse con cautela. El diseño transversal excluye nuestra capacidad de inferir si la exposición a los bisfenoles puede influir sobre el aumento de peso o la obesidad, o sobre si los niños obesos pueden tener exposiciones mayores a los compuestos de bisfenol o a su secreción. Los problemas metodológicos de este estudio sobre dicha relación se han descrito exhaustivamente”. (Sin negritas en el original)

En resumen, por su diseño, es imposible identificar a través del estudio cualquier sustancia como agente obesogénico. En el estudio, solo se examinan las asociaciones estadísticas, pero no se puede establecer una relación de causa-efecto entre las sustancias y la obesidad. Aunque sea importante, esa limitación falta en su totalidad en la nota de prensa y en la cobertura que los medios han hecho sobre el estudio.

Dada esta significativa limitación, debe quedar evidente que a través de este estudio, además, no se puede evaluar la seguridad del BPA o de los llamados químicos de reemplazo. Las declaraciones de apoyo para la osada afirmación del titular sobre la seguridad de los químicos de reemplazo son un misterio. La nota de prensa no brinda una explicación y el artículo científico ni siquiera menciona la palabra “seguridad”, tampoco la evalúa.

En cuanto a la seguridad del BPA en sí, los puntos de vista de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos y otras entidades reguladoras del mundo son claros y están bien documentados. Estas autoridades han hallado de manera uniforme que el BPA es seguro tal como se usa. Eso tampoco figura en la nota de prensa.