Steven Hentges, Ph.D.
martes 28 de mayo de 2019
La sabiduría convencional nos dice que las sustancias presentes de forma natural en nuestra dieta deben ser seguras, cuando no, realmente beneficiosas para la salud. Una dieta saludable incluye una amplia gama de nutrientes, desde vitaminas hasta minerales, y desde proteínas hasta carbohidratos, sin los cuales no podemos vivir.
 
Por lo tanto, ¿qué debemos pensar acerca de los informes recientes que indican que el bisfenol F (BPF) está presente de forma natural en ciertos alimentos y medicamentos tradicionales? Hace un par de años, científicos gubernamentales de Suecia y Alemania informaron que el BPF se encuentra presente de forma natural y en niveles significativos en la mostaza, un condimento común que se consume desde hace siglos.
 
Muy recientemente, un grupo de científicos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) informó que el BPF también está presente de forma natural en una gran variedad de plantas comestibles que se usan como suplementos alimentarios o medicamentos chinos tradicionales. Por ejemplo, se informaron algunos de los niveles más altos de BPF en la Tian Ma (nombre biológico: Gastrodia elata), que se encuentra ampliamente disponible mediante fuentes del comercio electrónico y se recomienda para el tratamiento de las convulsiones, el tétanos, el dolor de cabeza, los mareos, el entumecimiento de extremidades y el dolor a causa del reumatismo.
 
La presencia de BPF en estos alimentos y productos medicinales tradicionales no llama la atención, excepto por un detalle. A simple vista, resulta evidente que el BPF es un pariente químico cercano del bisfenol A (BPA), un químico sintético mucho más conocido que puede estar presente en niveles ínfimos en algunos alimentos.
 
 
Como indicaron los científicos de la EFSA, “el uso del BPA ha causado preocupación debido a su actividad estrogénica y, por lo tanto, la capacidad de actuar como sustancia química de actividad endocrina con efectos sobre la salud humana”. Como también indicó la EFSA, “estudios recientes han confirmado las similitudes en los efectos biológicos informados entre el BPF y el BPA”.
 
Por lo tanto, ¿deberíamos alarmarnos por la presencia del BPF o del BPA en alimentos o en medicamentos tradicionales? Afortunadamente, la EFSA, que utiliza el lema “Trusted science for safe food” (Ciencia confiable para alimentos seguros), nos da la respuesta.  
 
Los científicos de la EFSA también calcularon a qué cantidad de BPF podríamos estar expuestos a causa del uso de suplementos alimentarios y medicamentos tradicionales que contienen BPF. Sobre la base de la información disponible, llegaron a la conclusión de que “se espera que la exposición al BPF a partir de estas fuentes sea limitada y, por lo tanto, probablemente de bajo riesgo para la salud humana en la población general”.
 
De la misma manera, la EFSA ha evaluado la seguridad del BPA en profundidad. Después de su evaluación más reciente, la EFSA llegó a la conclusión de que “el BPA no supone ningún riesgo para la salud de los consumidores de ningún grupo etario (incluidos los niños aún no nacidos, lactantes y adolescentes) en los niveles de exposición actuales”.
 
Allí está la respuesta. Desde la mostaza de un perro caliente hasta la medicina china tradicional, no debe preocuparse por el BPF, un ingrediente natural de la Madre Naturaleza. Este también es el caso del BPA, su pariente químico casi idéntico, pero sintético.